Sinceramente os lo
digo…
¡Estoy disgustada!,
nunca había imaginado que este sería el diagnostico…
No sé; estoy confusa.
No es que se trate de algo grave, pero me ha dejado aturdida.
¡Perezoso!. ..
Y !ojo! que no se lo
está llamando cualquiera, lo está confirmando un señor bajito muy serio de pelo
cano y que parece ser el jefe.
¡Con lo admirado que
ha sido! y no solo por mí ¡eh! que no ha parado de recibir elogios casi desde
que nació.
Con toda la
protección que le he dado, los cuidados que ha tenido y ahora resulta que es…
¡perezoso!.
De cualquier otro, no
me sorprendería, pero de él. Además parece ser que la cosa no viene de ahora.
La dolencia viene de lejos. Según me asegura este señor bajito de pelo cano;
éste, ha sido perezoso toda su vida…!Será posible!.
Es que no me lo llego
a creer… y claro, me lo está diciendo, este señor desconocido…
Estoy tratando de
recordar; de volver la vista atrás para ver si doy con algún indicio de este
mal.
Desde que tengo uso
de razón, siempre los he visto juntos. No recuerdo con nitidez el primer día de
encuentro pero presiento que fue un recorrido mutuo de miradas sin más.
Ni uno ni otro me han
provocado nunca sensación de estorbo, muy al contrario necesitaba verlos y
sentirlos para darme cuenta de como era todo, bueno, malo, blanco, negro…en fin
para que todo siguiese su curso.
Crecimos juntos y con
ellos di mis primeros pasos;
-
Hice amigos.
-
Me deshice de ellos.
-
Subí.
-
Bajé.
-
Crecí.
-
Maduré.
-
Hice colas.
-
Esperé resultados.
-
Compré.
-
Cambié.
-
Trabajé.
-
Reí.
-
LLoré….
De su parecido solo
deciros que el ¡Perezoso! Es algo más
sexy. El es el típico de los guiñitos, discreto pero insinuante.
¡Tú ves!, discreto si
que lo veo, en eso hubiese estado
totalmente de acuerdo con el señor de pelo cano pero claro él no se refiere
para nada a la discreción.
Llegué hace solo dos
días de un recorrido por la vieja Europa, el viaje ha sido inolvidable pero el
cansancio hizo mella en mí, lo reconozco.
Después de una semana en que no levantaba
cabeza, el miércoles quedé a las 10 de la noche con mi familia, para enseñarles
el video.
Cuando ya estábamos
viendo el recorrido por Roma, casi en el
momento que empezaba a visualizar el Vaticano, ahí; en ese preciso momento, me di
cuenta de que algo pasaba.
No quise alarmar a
nadie así que di una disculpa, cogí mi bandolera y salí de aquel cuarto a media
luz, que me estaba empezando a agobiar.
El jueves por la
mañana me disponía a revisar mi e-mail cuando comprobé que los colores se
ensombrecían y las letras desaparecían poco a poco.
Os prometo que no me
puse nerviosa, los cogí a los dos y sin prisas me los llevé a la óptica de
siempre.
Al principio todo
fueron buenas palabras…Cuanto tiempo…Que raro…
Cuando me presentaron
la primera cartulina con la sopa de letras empezó el descontrol..
Ni la abierta, ni la
cerrada, ni la w, ni la a. Cada dos segundos el señor de pelo cano, iba
cambiando cristales de las pesadas gafas de hierro…
¿Mejor o peor? Y
¿mejor que la anterior o peor?...
Las preguntas eran
siempre las mismas y mis respuestas más de lo mismo.
Después de una
interminable sesión de quito y pongo vidrios ortopédicos, dejamos la cámara del
terror y nos adentramos en la parte más amplia de la tienda, para que me
hiciesen el temido presupuesto.
Me sorprendió tanto el
astronómico precio que me interesé por los resultados del análisis.
Fue entonces cuando
lo dijo…
-
Es que tienes un ojo Perezoso ….
-
¿Perezoso?
-
Si, si …Perezoso…como lo oyes.
No quería creerlo, le
hice mil preguntas sin respuesta alguna por su parte.
La solución no la
sabe ni el jefe de la óptica. Me remite al oculista como última alternativa
pero me advierte de antemano de la inexistencia total de medios ni medicamentos
para la cura.
-
¿Algún tipo de ejercicio,
cuidados, colirios..?
Todo es inútil, ya
está despachando a otro cliente, no tiene nada más que decirme. Me retiro
apesadumbrada con mi “perezoso” a cuestas, protegiéndole como puedo con la
imitación de Armani del chino.
No se que hacer con
él, ni como tratarlo, no se en que momento me equivoqué, ni tampoco acierto a
recordar los primeros síntomas, de esta enfermedad.
Siempre pensé que
entre nosotros, existía algo más, que la sinceridad era total.
Siempre confié en
ellos, no tuve nunca “predilecto”.
Siempre los sentí
leales y cómplices, no hubo malos entendidos entre nosotros y tan siquiera
malas miradas.
Los quise y los he
querido siempre por igual…
Pero quizás mi fallo
ha sido que, nunca les he mostrado mis verdaderos sentimientos. Eran tan
evidentes que no lo creía necesario.
Solo de vez en cuando les daba un poco de color y estiraba algo mas la
sombra para hacerles sentir mejor…
Esto ha tenido que
ser lo que ha llevado al derecho a mostrarse menos activo; a resistirse a
seguir colaborando como antes… en una palabra a ser PEREZOSO.
Al fin y al cabo, es
el derecho; no se; puede que influya …perezoso…derecho…a.
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