No
sé bien como expresar mi situación, me encuentro totalmente enrollada en mi
manta negra, convaleciente de un resfriado de esos que cada año me visitan y
que luego no hay cristiano que se quite de encima. Recogida en el saloncito
delante del televisor, pasando la tarde sin pena ni gloria, muchos mocos y muy
pocas ganas de levantarme de mi mullidito sillón “naranja afresado”.
No
es que me moleste que sea tan chillón, aunque es evidente que el color no lo
elegí yo, eso fue cosa de Jordi, él es así,
muy de colores vivos. Estuvimos
discutiendo por el color del silloncito más de tres fines de semana, a mí, en aquel
entonces (han pasado ya dos años), me gustaban mucho los sillones negros de
cuero o imitación, tampoco me importaba demasiado eso de la autenticidad de la
piel, al fin y al cabo enseguida le iba a poner una mantita por encima, así que
lo único que me importaba es que fuese
negro. Fue una temporada de mi vida que cualquier elemento de
decoración, me parecía perfecto en negro, lo veía el color más combinable de
todos, además me parecía ¡tan alegre! el negro…bueno a mi me parecía alegre y
eso a Jordi, le indignaba, él decía que era un color implanteable en su vida??
¡Qué manera tan diferente de ver las cosas
teníamos!, ¿cómo podía ser?
En
fin nuestra perdición eran los colores, nunca jamás nos poníamos de acuerdo.
Recuerdo que ese mismo año, tuvimos varios amigos que se casaron y claro yo
ante esos acontecimientos no necesitaba ni pensar, me compraba siempre un traje
negro, si la boda era a medio día, lo elegía corto y si era de noche, pues nada
uno largo o tobillero; pero negro, siempre negro.
Jordi,
siempre andaba con la misma cantinela;
-
¿Pero para que te compras otro vestido negro,
si ya tienes uno?
-
Pero no son iguales.
-
¡Pero son negros!, ¡apenas se nota la diferencia!
No
era cierto para nada pero él erre que erre.
Con
el color del sillón, me fue imposible convencerle, creo que me chantajeo desde
el primer momento que decidimos compartir piso, lo primero que dijo fue.
-
Nani, ¿me dejaras elegir el sofá?
-
Claro, claro, elígelo tú…
Fue
un terrible error… y es que no se puede una dejar llevar por el momento porque
siempre sale mal, ¡mira que me pasa veces! y nada que no aprendo.
En
fin ahora, tenemos el sofá que nos merecemos. Yo por tonta y el por listo.
Así
que aquí me encuentro, con una mantita negra enrollada hasta los ojos
intentando ver algún programita en la Tele que me distraiga, cosa bastante
complicada por otro lado.
Como
no tengo ganas de nada, mientras llega la hora de la cena, me voy a dedicar a
poner al día los álbumes de fotos que por otro lado los tengo totalmente
olvidados desde que me regalo Jordi, la máquina digital…
¡Menudo
invento!; no es que no me guste, me lo paso pipa haciendo fotos, de hecho tengo
de todas las bodas que hemos ido en estos dos últimos años, de cumpleaños, los
tengo todos y de todos porque siempre llevo la cámara encima, no soy de las que
se la olvidan…no; yo siempre la meto en el bolso porque me encanta hacer fotos,
pero ¿y luego qué?, he aprendido a guardarlas en el PC, a maquetarlas, a
dejarlas en un álbum virtual monísimo, en un archivo por categorías, pero
cuando estoy enferma no me apetece estar buscando en el ordenador las fotos, me
apetece ponerme encima del sillón todos los álbumes desde que era niña e ir
pasando página a página cada una y volver a revisar el de la comunión y
acordarme de todos los compañeros del cole y en fin para mí eso es lo
importante de hacer fotos, poder luego disfrutarlas en días de estos que estas
totalmente impedida con la tos, los mocos, la fiebre…
Con
la digital, dentro de unos años me habré saltado una época de mi vida que ya
nunca podré ver cuando esté enferma, tendré que buscarme en el PC y eso no me
va. Si estoy enferma, nada de ordenadores ni tan siquiera para rescatar épocas
perdidas. Además vete tú a saber si no se le contagia el virus antes a él de
que se me pase a mí el mío y entonces;
“si te he visto no me acuerdo”, ¡es lo que tiene la informática!.
Hace
casi ya un año, por mi cumple, mi madre, me regaló una Ipod , yo no tenía ni
pajolera idea de para que servía y por supuesto desconocía su funcionamiento,
mi madre ya se había comprado uno hacia tiempo; de los primeros que saco Apple
al mercado, ella es de la manzanita al 100%, no le dan comisión ¡creo! Pero es como
si tuviese acciones en la empresa, en cuanto tiene la menor ocasión, te pone al
día de los nuevos modelos.
Me
había preguntado mil veces que quería para mi cumple pero siempre le contestaba
lo mismo…
-
Si al final me vas a regalar lo que
quieras, que necesidad tengo ahora de ponerme a pensar.
Debería
haber pensado; e incluso debería haberla acompañado a comprarme mi regalo, pero
no escarmiento.
Ese
día, lo recordaré toda mi vida.
El
paquetito era más grande de lo habitual, es una costumbre que tiene desde que
tengo uso de razón, mete todos los regalos pequeños, en cajas grandes y los
grandes le encantaría meterlos en cajitas pequeñas, pero eso no lo hace porque
sencillamente no puede.
Así
que estaba yo imaginando que serian unas botas monísimas que habíamos visto un
día que fuimos juntas de tiendas, pensé también que podía ser una cazadora que
la necesitaba muchísimo…
Por
fin; de la caja grande salió otra más pequeña y de esa la original del Ipod…
-
¡Qué chulo!; ¿qué es?
-
A ver nena… es un reproductor
multimedia, este, te almacena todos los archivos de música que te imagines,
además luego la puedes amplificar porque...bla, bla, bla. Hija no puedes estar
sin un Ipod
-
¿Cómo? En fin mamá te agradezco mucho tu
buena intención para que pueda yo seguir ¡estando!, pero lo veo totalmente innecesario…
-
¡Ya me lo dirás dentro de unos meses!
Pues
ya han pasado 9 meses y tengo que reconocer que sí que lo uso porque claro
sería tonta si me lo han regalado y lo guardo en un cajón, ¡tampoco es eso!.
Lo
uso bastante porque encima es un Ipod Touch, o sea que la pantalla es más
grande que la del Ipod y tiene la membrana táctil que es una pasada…si, lo
reconozco.
En
fin no me siento totalmente pillada por este nuevo instrumento que guardo en mi
bolso, pero a veces, disfruto escuchando buena música.
Cuando
llamé a mi madre para decirle que estaba con el virus lo primero que se le
ocurrió fue preguntarme;
-
¿En el “Ipod” que te regalé?
-
No mamá en mi cuerpo, o sea que estoy
agripada.
¡Así
se las gasta!, sus aparatos de nueva tecnología, le absorben la mitad de su
tiempo, el resto supongo que lo dedica a trabajar pero a veces creo que se ha
perdido el mundo una gran informática.
Jordi
es como yo, nos conformamos con una buena pelí, echamos muchísimo de menos los
videoclubs. Aun no entiendo porque tuvieron que cerrar el Block Buster, ese
videoclub a mi me parecía bueno, reconozco que un poco caro pero era casi un
lugar de encuentro. Todo el barrio nos pasábamos a la misma hora para alquilar
la peli, allí te podías encontrar con los compañeros del cole o con el vecino
del 5º.
Era
todo un ritual, cada viernes por la
noche, teníamos el plan perfecto, alquilábamos una peli nos pasábamos a por
unas hamburguesas en el Burger King y bien arropaditos en el sofá, nos la
poníamos; era estupendo, casi siempre alquilábamos de intriga, son las que más
nos gustan además en esas tienes siempre la posibilidad de que al final de la
peli, te aparezca el cartelito de “Basado en un hecho real”; ¡Eso es fantástico!,
te entra como un cosquilleo en el estómago y empiezas de nuevo a analizar las
situaciones pensando en la pobre protagonista, ¡lo que ha sufrido en realidad,
esa mujer!:
-
Te has fijado cuando el poli le dice que
lo han encontrado…es que seguro que en la realidad fue así porque mira que les cuesta decir bien las cosas...
-
Hombre a mí no me parece que lo hagan
tan mal, es muy difícil la situación que se crea…
En
esos momentos comienza un análisis de la peli que puede durar otra hora.
Ahora
nos las bajamos de internet, aunque con la nueva ley Sinde; no sé por cuanto
tiempo. Pero sinceramente es un desastre, o se oye mal o se ve de pena o bien
se corta antes de que termine con lo cual no sabes nunca si has visto, o no,
esta o la otra peli, no acabas de reconocer ninguna. Es cierto que a veces
hemos visto alguna incluso antes de que se estrenasen en España, pero en unas
condiciones que cuando al cabo del tiempo la puedes ver en el cine, siempre
tienes la misma duda…¿la habíamos visto? Y es que ni siquiera la reconoces.
Los
hechos reales siempre son más apasionantes si los vemos en el cine, nunca podemos
imaginar que lo que nos acaba de contar Luis, pueda tener tanta importancia
como para que sea llevado a ¡la gran pantalla!, eso son palabras mayores, pero sin
embargo “cualquier hecho real, supera siempre la ficción”. Solo tenemos que
observar a nuestro alrededor para ver la mejor de las comedias o el peor de los
dramas.
¡Ojo!;
alrededor si, pero el telediario, no…eso
a mí, ya ni se me ocurre, porque desde que la “deuda” la tenemos por los
suelos, resulta realmente agobiante escuchar las noticias.
Hasta
hace unos pocos meses o a lo mejor ya más de un año, no teníamos conocimiento
de la famosa Prima de Riesgo. Esta señora, era una total desconocida para los
que como yo, no nos dedicamos al mundo de las finanzas, pero ahora se ha convertido
en la única Prima de la que se habla en toda Europa.
Yo
le tengo que agradecer a la Prima de Riesgo, el haber descubierto la radio de
las tres. A esta hora, nunca se me había ocurrido poner la radio, era como que
pensaba que en esa franja horaria, estarían todos comiendo o algo por el
estilo.
Pues
bien desde que ya no soporto los telediarios, he descubierto otro nuevo mundo,
más dinámico, menos encorsetado, incluso me atrevo a decir que más dialogante y
más libre.
Ya
sé que en la TV tienes varias opciones de telediarios y que puedes cambiar de
cadena y buscar incluso otros programas, pero no sé porque en esta época de mi
vida en la tele todo me parece más falso, como que lo han montado adrede para
hacernos sentir una determinada emoción, pero muy calculada o sea a veces nos
necesitan llorando, otras riendo, otras eufóricos y otras veces deprimidos y según
esas necesidades, ellos nos van lanzando los discursos.
A
lo mejor exagero pero mis sentimientos ahora son esos, no lo puedo ocultar, por
eso decidí dejar de ver la tele por las tardes.
Sin
darme cuenta, estoy volviendo a los modelos de mis abuelos. Me estoy pasando
totalmente de bando, es un abandono voluntario de cierta modernidad impuesta
para poder sentirme menos manipulada, más cómoda.
Ahora
prefiero elegir a que me elijan, prefiero informarme a que me informen,
prefiero escuchar a que me escuchen y sobretodo prefiero la ficción a la
realidad.
Ahora
estoy buscándome y estoy segura que me podré encontrar.
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